Fui a ver a don Samuel.
No tenía nada en mente, sólo quería saber cómo estaba el viejo. No lo veía desde el funeral de don Telurio y no había hablado con él desde que salió de la misa furioso, porque le cambiaron el cura.
Entré con confianza al patio, los perros ni me miraron, sin embargo, y por las dudas, una vez que pasé por donde los guardianes dormían la siesta, apuré el paso en silencio y llegué a la terraza que da al canal.
Ahí estaba don Samuel, jugando ajedrez con un joven.
El viejo me saludo con las cejas, el joven no apartó la vista del tablero.
Cogí una naranja del árbol cercano y le lavé el musgo negro en el canal.
Mientras se me cerraba el ojo izquierdo por la acidez de la fruta, el joven hizo un movida y luego levantó la cabeza para saludarme.
-Buenas tardes, amigo. –dijo junto a un suave apretón de manos.
-El padre Cristian…el amigo Niko. –Nos presentó don Samuel. a cómplice. Después de un par de segundos en que me quedé sin aire, don Samuel movió el alfil-reina y miró con la misma sonrisa al padre Cristian.
-¡Jaque Mate! –Dijo cambiando el rostro y puso el puño como acento de exclamación.
El cura miró el tablero de pie, girando solo la cabeza, pues su cuerpo permanecía de frente a mí desde el saludo.
-¡Ahhh empatados! –Dijo con resignación el religioso.
-¡Con la ayuda de Dios! –Respondió don Samuel apuntando el cielo.
-¡Dios obra de maneras misteriosas! –Dije yo como chiste, pero no me salió bien. Luego de un silencio incómodo solo para mí, el cura se despidió de manos. A don Samuel lo amenazó con un desempate, y a mí me invitó a la misa del domingo. Ingenuo o soberbio en ambas ideas, no lo sé.
-¿Un matecito amargo, amigo Niko? –Me ofrece el viejo.
-Claro… –Respondo pensando en otra cosa.
Tomando mate amargo (más amargo aún con el sabor de naranja en la boca), esperé la explicación de don Samuel acerca de la presencia en su casa del cura que él había tildado de “hueón”.
Me habló de las alcachofas argentinas y chilenas, del maíz y el secreto para que las matas crezcan del mismo porte, de que había ahorcado a un perro del vecino, porque se había cebado con las gallinas… de muchas cosas, pero del cura… nada.
Esperé pacientemente… una media hora…, pero tuve que inducirlo el tema.
-Don Samuel, ¿no era ese el cura que quería pagarles a los flojos la misma plata que a los que madrugaban? –Le dije capciosamente, con culpa por lo sucio de la pregunta.
-El mismo. –Me contestó y me miró como esperando un atrevimiento de mi parte. Yo desistí de cualquier comentario, quise hacerme el reflexivo.
-Lo que pasa, amigo, es que vino a verme para preguntarme por qué había salido yo enojado de la misa el domingo pasado. Cuando entró a la casa yo pensé “¿Y este cura qué hace acá?”. Se paró ahí, se presentó y se quedó mirando el tablero que tenía colgado en la pared. –Don Samuel apuntó los lugares con el mate. –Ya antes que me dijera algo, yo ya sabía pa’ onde iba la cosa. Le pregunté si sabía jugar ajedrez, entonces, saqué el tablero nuevo, el con terciopelo verde que me trajo mi hijo de la SOFRI de Iquique, y empezamos a jugar. Es güeno el cabro, ¿vio que quedamos en empate? Y tiene buena conversa también, se nota que sabe, que es leído.
El viejo después me habló de la consecuencia, de cómo el casarse con una idea para toda la vida, hoy no es un buen trato. Que los políticos de ahora están en eso, y que la gente los acusa de darse vuelta la chaqueta como si eso fuera el peor de los pecados, siendo capaz de perdonarles sinvergüenzuras más terribles que cambiar de idea o de plan.
Me contó de un sobrino suyo comunista, que cuando Pinochet les quitó las tierras a los campesinos, la misma que Allende les había regalado, se convirtió en un líder natural de la gente, que lo detuvieron y lo torturaron; pero que cuando el gringo dueño del fundo le ofreció pega, quedó de capataz y dejó la dirigencia del partido. Prefirió pagarle los estudios universitarios a sus hijas, antes que seguir luchando por un casi imposible.
Don Samuel me hizo ver que la gente identificaba y recordaba a los candidatos por asuntos propios de la chabacanería más que por representar un ideal.
Me convenció de que no me sorprendiera si un día lo encontraba tomando mate con el hombre al que el día anterior había apuntado con una escopeta, que la vida da muchas vueltas y siempre es mejor estar en paz con la gente, no importa si no se da desde el principio.
Cuando estaba por despedirme, llegó el cura otra vez, buscando el bolso de su notebook que había dejado apoyado en el suelo junto a un macetero. Y al colgarse el tirante al hombro, vi dos chapitas que llamaron mi atención, una del Che Guevara y otra de una hoja de Marihuana.
-¡Nos vemos el domingo! –Gritó de espaldas al salir apurado.
A los minutos dejé a don Samuel tomando mate y tirándole pedazos de pan a un cachorro que le iba a regalar al vecino. En el auto me vine pensando que don Samuel me dejaba una sensación rebelde de punky ante el sistema, mezclado con una alegría, Motuda Floreada, por darme cuenta de que ante las inconsecuencias, el mundo sigue siendo un buen lugar y que buscarle la aspereza es un trabajo que no quiero tomar.
Niko.
miércoles, 27 de mayo de 2009
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